Sí, este año ha sido el dedicado a Emilia Pardo Bazán, tal vez una de las escritoras más injustamente olvidadas. Las celebraciones en torno al centenario de su muerte han ayudado, sin duda, a mitigar este olvido.
En la Biblioteca Nacional, en Madrid, hubo una magnífica, extensa y densa exposición que se subtituló de la mejor manera que podía definirse lo que esta intelectual representó en su momento: El reto de la modernidad.

Mesas divulgativas, congresos académicos, exposiciones locales, etc. han servido para que esta contemporánea de Galdós tuviera la presencia merecida en los medios de comunicación y entre el gran público.
La exposición de la Nacional, por cierto, dispone de una versión virtual magnífica para todos los que no pudieron verla o quieran recrearse en sus múltiples detalles y textos:
https://www.accioncultural.es/media/DefaultFiles/flipbook/vvEPB/index.html
Pero estoy segura que una de las contribuciones más fecundas ha sido la publicación de una biografía, Emilia Pardo Bazán (Taurus, 2019), escrita por la historiadora Isabel Burdiel, quien fue también la comisaría de la exposición arriba mencionada.
El pasado viernes 10 de diciembre, con la excusa de comentar El encaje roto, los relatos cortos de la autora gallega sobre la violencia contra las mujeres, tuvimos en nuestro club de lectura, en la librería Gaia, a la autora de la biografía.
Isabel Burdiel es catedrática de Historia contemporánea de la Universitat de València y autora, entre otras obras, de dos espléndidas biografías.
La primera, Isabel II. Una biografía (1830-1904), (Taurus, 2010), no es sólo la mejor aproximación al conocimiento de esta reina, sino un texto imprescindible para cualquier estudioso de los avatares políticos de los decenios centrales de nuestro siglo XIX. El libro fue Premio Nacional de Historia.

La segunda, la biografía dedicada a Pardo Bazán, le ha supuesto a la autora el premio de estudios filológicos que otorga la Real Academia de la Lengua.

Podemos convenir que cualquier biografía que se precie debe contener, entre otros, dos aspectos imprescindibles: un buen conocimiento del contexto histórico y una adecuada aprehensión del sujeto biografiado en tanto que peculiar e insintransferible metabolizador de la época y de las circunstancias en que vive.
Los dos aspectos se encuentran en las dos biografías señaladas de forma excelente. A ello debemos añadir una narración precisa y fluida, literariamente impecable. Y un trabajo de investigación como sólo una historiadora es capaz de desarrollar y valorar en su justa medida.
El trabajo de Isabel Burdiel sobre Pardo Bazán reúne a partes iguales, desde mi punto de vista, un valor literario y un innegable valor histórico.
Hace ya un tiempo, esta autora y Justo Serna, publicaron un pequeño-gran texto que titularon Por qué los historiadores deben leer novelas. La biografía sobre Pardo Bazán podría ser un excelente ejemplo de alguna de esas razones, además de una muestra impecable de las virtudes de una buena historia cultural.
La personalidad de Pardo Bazán resulta arrolladora, tanto por su carácter e inteligencia como por los retos que de una manera consciente quiso afrontar a lo largo de su vida y que la convierten en un peculiar ejemplo de los múltiples y diversos vectores que atravesaron el proceso de la modernidad en España y Europa.

Escritora en plena acepción de la palabra, cultivó prácticamente todos los géneros literarios, distinguiéndose también por una notable pasión por lo público, que la llevó a intervenir como periodista, polemista, conferenciante o ensayista en la mayoría de las cuestiones palpitantes de su época.
Admiradora y admirada por los krausistas; católica permanente y carlista casi accidental; sorteadora inteligente e impertérrita de las críticas literarias y personales salpicadas de un machismo soez y vulgar; españolista con un pie en su Galicia natal y otro en la cosmopolita Europa; intelectual comprometida con su tiempo; estudiosa del padre Feijóo, apasionada de la novela rusa y traductora de J. S. Mill… Emilia Pardo Bazán fue una mujer libre, decidida y feminista.
Es verdad, como afirma Isabel Burdiel, que su feminismo radical e individualista, la convirtió en una especie de “verso suelto” que no encajaba ni en las versiones más sociales, católicas y morales del mismo, ni en las corrientes liberal- democráticas, socialistas o anarquistas.
Partiendo de J.S.Mill, de quien tradujo en 1981 La esclavitud femenina, su radicalidad siempre fue un arma al servicio de las posibilidades de desarrollo individual de la mujer, de sus potencialidades y de sus deseos.
El encaje roto, título del último cuento que da nombre a la colección de relatos cortos sobre la violencia contra las mujeres, es un excelente ejemplo de su altura dentro de este género, de su versatilidad y de la modernidad de su pensamiento.

Es casi inevitable, hablando de Pardo Bazán, no traer a colación el Pazo de Meirás, ese refugio personal, propio, literario, impensable en su función más allá de aquello para lo que lo había soñado, diseñado y afortunadamente habitado su creadora.
Resulta por ello repugnante la huella que dejó entre sus muros la presencia de la familia Franco. Desalojados ya sus iletrados y zafios habitantes, es hora de recobrar el espíritu que siempre le acompañó: el de un refugio literario y personal de su legítima dueña.

La memoria histórica del paso de la dictadura puede quedar recogida en una simple leyenda a su entrada. Pero poco más.
València, diciembre de 2021
Carmen García Monerris