(A propósito de El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero. Barcelona, Seix Barral, 2022)

La fotografía que ilustra esta edición es hipnótica. Las tres niñas “cuerdas”, disciplinadas con esfuerzo, atentas a las órdenes, dispuestas a lo que de ellas se requiera, complementan en su verticalidad la barra recta y horizontal que las sustenta y sostiene la composición.
Pero, inevitablemente, la mirada se desvía hacia la derecha, hacia ese “verso suelto”, indomable, del revés, boca abajo. Parece en otro mundo, el suyo propio.
¿Es esa niña “la loca de la casa”? ¿Qué peligro puede haber en la cordura de las otras tres? Porque aquí el peligro puede venir del orden y la imaginación surgir de lo”raro”.
Hay tres libros de Rosa Montero que se apartan de su habitual producción periodística y novelística. Se trata de La loca de la casa (2003), La ridícula idea de no volver a verte (2013) y El peligro de estar cuerda (2022). Son libros de géneros híbridos, que mezclan ficción con elementos autobiográficos, ensayo, crítica literaria, narración dentro de la narración…
De alguna manera (especialmente el primero y el último) constituyen una reflexión sobre la experiencia de la escritura creativa, a partir de su propia vivencia y de la de otros muchos autores y autoras. Esta capacidad de incluir narraciones e historias dentro de la narración constituye precisamente uno de sus atractivos.
Se trata, con todo, de un hábil recurso que le permite a la autora huir de las exigencias de veracidad que comporta el género autobiográfico y trasladarlo a las vidas de los otros. Ella queda “a cubierto” y libre; con una libertad que le permite ficcionar sobre sí misma, jugar con el lector, versionar algún hecho real o, si se tercia, decir la verdad.

Nunca sabremos si Rosa Montero es una de las niñas disciplinadas y cuerdas o, por el contrario se reconoce más en el “angelito” capaz de romper cualquier escenario de normalidad. Tal vez se trate de una mezcla de ambas.
Pero en El peligro de estar cuerda (y en menor medida en La loca de la casa) prefiere bascular más hacia el lado de la locura. Cuando menos, reconoce algo de excepcional en la capacidad creativa y en la imaginación que comporta.
¿Hay que estar loca para escribir? No necesariamente, aunque cierta dosis puede venir bien.
Los trabajos de Rosa Montero remiten a la eterna reflexión en el mundo de la filosofía y de la estética sobre el genio y la locura; una reflexión que incluye, a su vez, la más general sobre la belleza y la forma o la posibilidad de representarla o presentarla. Casi siempre, al menos hasta la semiótica, el punto de mira se centró en el autor, el artista, sus cualidades, actitudes y aptitudes.
Schopenhauer fue uno de los primeros en plantear la relación genio-locura como un problema de disociación entre intelecto-voluntad, ideas- acción. En pleno Romanticismo, el creador individual podrá convertirse también en un ser pasional, arrebatador y arrebatado, desbordante, en roce perpetuo con los límites de la sociedad y el mercado que lo ha creado y le sostiene.
El héroe y el artista son paradigmáticos de la sociedad contemporánea, personificación de comportamientos y cualidades extraordinarias. En su individualidad, rallan a veces el desorden, el caos, la melancolía en otras ocasiones como refugio matricial de la creatividad.
En un desorden se sumergen muchos artistas de mitad del siglo XIX. Con adicciones diversas y con manifestaciones de una creatividad al límite, forman parte de una categoría que atraviesa toda la historia de la literatura: los “escritores malditos”.
Cuando el cientificismo y el positivismo avancen a partir de la década de los 70, el planteamiento de la relación entre genio y locura cobrará un nuevo y decisivo empuje de la mano de la psicología, la neurología o la criminología. Cesare Lombroso (1835-1909) clasificará y patologizará los rasgos del genio, aplicándole características como la inconsciencia, la hipersensibilidad, la exquisitez, cierta a sociabilidad, propensión a las adicciones y precocidad. Su “potencial intelectual” pagará con “la degeneración y la locura”.
El intelectual judio y sionista, Max Nordau (1849-1923), admirador de Lombroso, propagó con bastante éxito el concepto de “degeneración” aplicado a determinados artistas y a su producción. Su libro Degeneración (1892) fue acogido con éxito incluso por intelectuales militantes en el campo liberal progresista o republicano, como Nicolás Salmerón.

De la relación tan estrecha establecida entre genio y locura a finales del diecinueve surgiría como entidad el “arte degenerado”, objeto de crítica y persecución por las doctrinas reaccionarias, anti burguesas y fascistas de los años veinte y treinta del siglo XX.
Se trata, afortunadamente, de percepciones y teorías superadas que, no obstante, siguen alimentando reflexiones sobre el hecho artístico en general y sobre el artista en particular. La compleja relación entre el mundo de las ideas y de la acción, o el más concreto entre las ideas y la escritura; la capacidad del escritor de habitar simultáneamente varios mundos y de vivir muchas vidas; la angustia que comporta materializar la idea; la exposición constante como freno y al mismo tiempo como necesidad…
La segunda entrega de los extraordinarios Diarios de Rafael Chirbes ofrece innumerables muestras de un artista enfrentado a sus propias “locuras” y a sus propias “limitaciones”, reales o ficticias. Un mundo a veces tortuoso, alejado de la gozosa capacidad creativa y de la ligera fluidez entre las ideas y la escritura.
En las reflexiones de Rosa Montero encontramos tanto momentos de angustia como otros de esa gozosa creatividad. La loca de la casa es, desde mi punto de vista, un libro delicioso que anuncia y prepara el más reflexivo y trabajado (en todos los sentidos) de El peligro de estar cuerda. En medio, La increíble idea de no volver a verte plantea su personal forma de afrontar el duelo por una pérdida, pero siempre protegida de los peligros de la autobiografía por intermediación originalísima esta vez de la historia del duelo de Marie Curie.
Los lectores de Rosa Montero, con estos libros sabremos más de ella y sobre ella. Pero sobre todo podremos sorprendernos de su extraordinaria capacidad de autorreflexión y de su facilidad para transitar por vidas ajenas, siempre tan distantes y siempre tan próximas.
Lean los tres juntos.
Carmen García Monerris
València, diciembre de 2022